viernes, 10 de marzo de 2017

cuento

 Un día cualquiera

Las luces del alba chocan silenciosamente contra las células sensitivas de los párpados, y el mensaje se transporta de un nervio a otro para acabar, al final del camino, con el mundo onírico. Dos neuronas, serenas en su trabajo, desveladas, cansadas, esperan el mensaje con ansiedad; mientras, el incipiente día marca los segundos que faltan para que todo comience.
La neurona 45384301 guarda en su interior un secreto: diversas reacciones químicas que enfocan una idea. La neurona 834103 espera paciente esa idea. Entonces se produce la conexión. Del núcleo pasa al axón, del axón a las dendritas y de las dendritas al núcleo de la otra neurona. La palabra gato, quizás solo un g, o simplemente unas orejas peludas y unos bigotes saltones. La reacción en cadena es inminente. Millones de neuronas se despiertan simultáneamente y unánimemente las reacciones químicas se suceden. ¿Qué hora es? Las siete menos cinco. ¡Qué ganas de ir al servicio! Ese hambre atroz, incesante, ese vacío que se localiza en el estómago y espera llenarse.

El corazón ha duplicado su ritmo. Los músculos del miocardio bombean los flujos de sangre. Los pulmones se llenan de oxígeno, de nitrógeno y de la contaminación atmosférica. Los ojos parpadean mientras el cristalino enfoca la vista a través de unas lentes singulares. Las extremidades del cuerpo, ese conjunto de células musculares, óseas, nerviosas y de muchos más tipos, comienzan a bogar en una atmósfera bochornosa y tensa. En una milésima de segundo los corpúsculos de Krause mandan un mensaje helador al cerebro, ya que han sentido el frío de las losas del suelo. Los músculos de la vejiga se sienten más aliviados; mientras, en el otro confín del cuerpo, el órgano de Corti, situado en lo más profundo del oído, proporciona información: primero de un hilillo de agua, después de una cascada detonadora. Se suceden los movimientos, los estímulos, los olores, los sonidos, los pensamientos. Por fin se ha llenado el estómago con un líquido calcificado y glúcidos que se mezclarán con los jugos gástricos.

Una célula ósea del fémur tiene doble personalidad. Por un lado es afable, sincera y cándida. Por otro lado es maligna, embustera y aciaga. Las dos personalidades están muy bien repartidas y no suponen un gran problema para la célula. Pero hoy la célula está sufriendo un cambio. Ha crecido lo suficiente y es hora de dividirse. Para ella el proceso de mitosis ya ha comenzado. El revoltijo de nucleótidos ya se ha ordenado en los cromosomas, siendo alcanzados por fibras de uso. Los cromosomas duplicados se dirigen a cada polo opuesto de la célula, mientras los orgánulos se reparten de igual manera. La célula empieza a romper su membrana, dividiéndose en dos. Pero ha ocurrido un fenómeno extraño. Las dos personalidades no se han dividido cada una en dos, sino que se han repartido cada una en una célula. Las dos células, una vez que ha terminado la mitosis, comienzan una disputa. La hermana maligna critica a la buena por ser demasiado cándida, la hermana buena critica a la malvada por ser demasiado mala. Pero pronto dejan de pelearse, comprenden que no hay razón para ello. Comparten unas mismas raíces, un mismo ADN; no solo con ellas mismas, sino con las demás millones de células que pululan por todo el cuerpo. Todas son hermanas, todas tienen un punto en común, todas luchan gregariamente por la supervivencia de la comunidad.

El bazo es la necrópolis de los hematíes. Los glóbulos rojos fijan su sepulcro en este órgano cuando alcanzan los cien días o más. A esa edad los eritrocitos son inservibles para la función para la que han nacido. Allí esperan una cortísima jubilación y una destrucción segura de cuyos desechos se adquiere el hierro y la hemoglobina para formar nuevos glóbulos rojos y preservar de esta manera la existencia de la especie. Los hematíes de los mamíferos no poseen núcleo. Por esa misma característica los podríamos señalar como parias, diferentes a las otras células. No seamos xenófobos, cumplen una función importantísima: gracias al hierro son capaces de transportar el oxígeno que necesitan las células.
En el bazo se ha producido un atasco. Un glóbulo rojo longevo, centenario –en días-, no quiere ser sacrificado. Dice que tiene derecho a existir, a seguir trabajando aunque ya no tenga las mismas fuerzas que antaño, a disfrutar de la vida segundo a segundo. Argumenta que ya a los viejos no se les tiene respeto, se les trata como a inferiores, sin embargo en ellos se guarda la sabiduría de llevar el oxígeno de calidad en grandes cantidades, de no extraviarlo por el camino, de cuidarlo hasta que llega a su destino para que los diferentes tipos de células puedan realizar la oxidación y la toma de energía. Ellos, los ancianos, son los que enseñan a los jóvenes novatos a realizar bien esta función. Pero entonces, el eritrocito que está esperando atrás, cansado de aguardar, le dice que su hierro es necesario para la creación de nuevos jóvenes deseosos de aprender el oficio. Con el hierro de este se podría dar la posibilidad de que otro naciese y pudiese vivir otra vida como la que él ha vivido. El glóbulo rojo que había armado el barullo al fin se convence dado que sus argumentos son más bien egoístas, y altruistamente, pero aún con la duda, deja que la hemólisis desintegre su cuerpo.

Es una mirada la que se deja perder por el horizonte hasta alcanzar un punto extraño, perdido en una atmósfera cargada de desconocimiento y oscuridad. Pero es el cristalino el que enfoca y la imagen se guarda en la retina. Son los bastones los que captan la escala de grises que se observa en la semioscuridad y los conos los que atraen un arcoíris multicolor. Un ser vivo del mismo reino, de la misma clase, de igual orden, de igual familia, del mismo género y misma especie, pero de distinto sexo. La imagen llega invertida al cerebro y este intenta digerirla, elaborar una respuesta. Pero son múltiples, una explosión de respuestas que detonan por todos los lugares recónditos del cuerpo humano. El exceso de hormonas imantadas hacia las células diana, una pubertad precoz, una sonrisa, un corazón que bate a ciento cincuenta pulsaciones por minuto, unas mejillas sonrojadas, un cerebro dubitativo a punto de cometer un error, unas cuerdas vocales que esperan la respuesta al titubeo, al tartamudeo, o a un silencio del que no se puede escapar, son extraños sucesos inexplicables de los que no se puede sacar una base científica, ya que son fenómenos enfocados hacia esa palabra indefinible llamada amor.

Así como las venas, las arterias y los capilares sanguíneos son las autopistas, las autovías y las carreteras; los vasos linfáticos son las carreteras secundarias, los caminos polvorientos y olvidados del cuerpo humano. Cuando el viajero recorre estas sendas, olvidándose de la vereda que ha dejado atrás, se da cuenta de la importancia del sistema linfático. Va recorriéndolo poco a poco escrutando cada lugar recóndito. Está la linfa, que circula por los vasos linfáticos, encargada de recoger desechos y la sangre que se ha escapado de un capilar y se ha acumulado en el espacio intersticial. Están los ganglios linfáticos, que actúan como filtros y vertederos y que son los lugares donde se destruyen los virus y las bacterias. Están los órganos linfoides, que son las fábricas en serie donde se producen los linfocitos. En estado de guerra, cuando el organismo teme una gran amenaza interna, estos se hinchan, aumentan su volumen y realizan la llamada “economía de guerra” produciendo defensas en gran cantidad.
Si nos alejamos de las vías turísticas, si nos adentramos poco a poco en los confines y territorios olvidados del cuerpo humano, a veces podemos observar una pareja solitaria de linfocitos camuflados entre las demás células. Quizás su conversación sea anodina, trivial. Quizás pensemos que trabajan ociosamente. Pero los linfocitos son coleccionistas de aromas, de ínfimos pero necesarios vestigios sobre las características de las células. Son guardias urbanos, policía paramilitar que indaga el terreno, que prepara controles, que busca indicios sobre una célula extraña de ADN distinto, de características y forma diferentes a las demás células. Contra esos antígenos preparan anticuerpos que se adherirán al virus enemigo y evitarán una posible infección.

Una célula muscular del pectoral izquierdo profesa un profundo sentimiento hacia otra que vive próxima a ella. Desea acercarse, intercambiar una plática, conocer sus gustos y preferencias, contarle alguna anécdota humorística, susurrarle sus anhelos más íntimos, confiar en ella, compartir el oxígeno y nutrientes transportados por la sangre, pensar que tiene una amiga para protegerla, cerciorarse de que no está sola en un ecosistema hostil donde todos deben sobrevivir. Pero esta célula es muy tímida, no se atreve a acercársele por miedo a que le diga “no” o a perder la posibilidad de ser su amiga al dar un paso en falso. Pero no desiste, la observa atentamente, estudia sus costumbres, piensa sibilinamente que es lo que le podría decir, imagina situaciones futuras e irreales en las que se encuentran las dos jugando juntas. E incluso ha apelado al narcisismo como arma eficaz para tal empresa, creyendo que ésta se fijará en ella al verla más enorme y fuerte eclipsando a las células que hay a su alrededor. Por ello lleva más de una semana despertándose por las noches para contraerse y relajarse, acortarse y estirarse, alimentándose más que las demás. Y después de este ejercicio hercúleo se deleita varios minutos escrutando a su futura amiga, observando tiernamente como duerme plácidamente. Este es el mejor momento del día para ella.
Pero hoy se ha acercado otra célula hacia su amiga. Es una célula muscular enclenque pero extrovertida, pequeña pero graciosa. Le ha contado un chiste y ésta se ha reído, para después enfrascarse en una intensa conversación sobre la crisis en el oxígeno que afecta a toda la comunidad. Y la otra, la célula introvertida y enorme, las mira ensimismada y celosa con un sentimiento interior de tristeza. Ve que su amiga, a la que nunca ha osado dirigirle la palabra y que desconoce que ella existe, se va alejando de ella gradualmente hasta introducirse en un mundo inalcanzable para su timidez. Ha descubierto que su oportunidad se ha esfumado y ya no le queda otra posibilidad que descorazonarse con los remordimientos durante el resto de sus días. Sin embargo, en los albores del crepúsculo otea hacia el horizonte y consigue ver otra futura amiga. Maquinalmente idea nuevos trucos con los que fraguar una posible amistad. Quizás lo consiga. O más bien volverá a caer en su propia timidez.
A veces los trenes parten y ya no es posible volverlos a tomar.

Poco a poco las luces vespertinas se han ido apagando y la noche y el frío nocturno se han aproximado sigilosamente a la piel. Las dos pupilas se han dilatado para poder distinguir en la oscuridad ya que el último rayo de luz artificial desapareció hace segundos. Primero son los corpúsculos de Pacini los que sienten la presión de una colcha y luego son los de Ruffini los que sienten el calor de unas sábanas. Se cierran los párpados y la actividad del cuerpo va menguándose conforme pasan los segundos. La neurona 45384301 comienza su actividad en pleno duermevela. Y como es inquieta, con mucha imaginación, precoz y creadora, despierta a su compañera, la neurona 834103, con una e, con la simulación de un barrito o simplemente una larga trompa, tan extensa que llega a los confines del universo. Mientras, el mundo onírico da su pistoletazo de salida.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Tiana y el sapo

            Tiana se levantó, como cada mañana, en su andrajoso y minúsculo piso. Se preparó para ir a trabajar, pero antes de salir, como era costumbre en ella, sacó un papel de su chaqueta desgastada. Lo desdobló con cuidado y lo observó. Estaba amarillento por el paso de los años. En una de sus caras, un boceto de un pequeño restaurante. El autor de aquél sueño era el padre de Tiana, fallecido hacía varios años. Y ese pequeño restaurante junto con algunas deudas, fueron la herencia que dejó.
            Tiana echó un vistazo al tarro de cristal lleno de billetes. No podía dejar de pensar en que ya faltaba poco para aquél restaurante, que casi podía rozarlo con las yemas de los dedos. En fin, hasta que ese momento llegase, aquél día era tan solo uno más. Cogió el bus y se dispuso a hacer la calle, como de costumbre. “El Sapo” apareció, doblando una esquina con su coche caro y recién lavado, vigilando que todas estuviesen en su puesto de trabajo. Aquél hombre era el motivo por el que tardaba tanto en reunir el dinero, ya que se llevaba una gran comisión por el “alquiler de terreno” como él lo llamaba. En esencia las chicas pagaban para no recibir una paliza.
            Un par de días después apareció un coche que ninguna reconoció, un cliente nuevo. Y de los que manejaban. Se paró justo frente a Tiana, quien se subió al coche y le explicó los precios. Pero a él solo le interesaba hablar. Alguien que lo escuchase. Durante meses estuvieron viéndose, profesionalmente. Él le contaba que el trabajo lo estresaba, y que cuando llegaba a casa el mundo parecía abrirse bajo sus pies. Pero un tiempo después no se conformó, quiso saber cosas sobre ella. Entonces le confesó que tenía un sueño, y él le ofreció convertirse en su socio capitalista, así tendría que dejar esa vida… Y ellos podrían verse fuera de aquél coche o de un hotel. Algo impredecible y absurdo crecía entre ellos. La gente lo calificaría como amor, pero ninguno de los dos estaba seguro.

            Tiana decidió hablar con “El Sapo”. Le dijo que iba a dejar las calles e iba a montar su restaurante. Éste, que no  desconocía sus sueños, se enfureció. Creía que tenía más tiempo para pensar algo. Es caso es que Tiana era una de las mejores, y no pensaba dejarla marchar. La conversación se caldeó, y le soltó un puñetazo. Tras el primero le siguieron muchos más. Tantos que ambos habían perdido la cuenta. Ella acabó en el suelo, medio muerta. Pero “El Sapo” nunca tenía suficiente. Le arrancó el viejo papel de las manos y lo rompió en muchos pedazos, dejándolos caer sobre ella. Un simple “Puta” resonó en sus oídos mientras el calibre 45 liberaba la bala y atravesaba su cráneo.

viernes, 2 de mayo de 2014

SI FUERA HUMANA


Construiría mansiones de pétalos de adobe y sal.
Seguiría los ríos, caminos yertos,
bajo troncos sombríos, todo soleado.
Todo quemado; todo recto al vacío.

Mausoleos de merengue y hierbaluisa;
para que los bichos no devoren los cuerpos.
Losas de alpiste y miel;
para que los gorriones sean las flores
hechas plumas.

Sus picos atrapados por la gula, gorjeantes;
música celestial sobre lápidas de acompañantes.
Graznidos los cenicientos minutos de consumición.

Construiría un silencio
donde refugiarnos cuando nuestra mente dé gritos,
cuando nuestros oídos estén sordos
y solo vean la luz del ciego.

Ojos en almíbar y melodías delirantes.
Soy súcubo y jamás dejaré de serlo.
Mis heridas son llagas que sangran sin cura.

Amo sin remedio el miedo de sus zapatos
que se pasean sonámbulos
dejando sus huellas de silencio mortuorio.

Soy y seré, pero no siempre lo he sido.
No siempre lo he sido pero volvería a serlo.
Mis errores, mis tormentos.
Mis caprichos marchitos.

Así la esperanza,
construiría un marco de recuerdos a olvidar.

Si fuera humana
construiría un seno uterino impoluto
 donde hacernos diminutos

y poder volver atrás. 

lunes, 10 de febrero de 2014

holaaa

Bueno, llevaba ya mucho tiempo sin escribir y sin pasarme por el blog y ayer deje de lado todo lo que tenia que hacer y me salió esto que he pensado compartir con vosotros, si a alguien le apetece que lea y opine :9
 
 
 
 
 
EL PARQUE

‘Y alguien dijo una vez que no solo las personas sienten, que no solo los animales y las plantas viven, que no solo las cosas, cosas son.’

 

 

El parque hoy se mira al espejo y sonríe, se viste de verde, de flores, de azules y amarillos, de tulipanes, de rosas, de margaritas deshojadas.

El parque hoy amanece resplandeciente y se viste con sus propios visitantes. La primavera está trayendo al buen tiempo y las lluvias invernales ya quedaron atrás hace varios meses, entre diciembre y febrero.

Los ojos del parque se abren en algún lugar del albero que cubre su cuerpo como los polvos de maquillaje cubren la cara de las madres que pronto comienzan a llegar. Sus manos se cierran en un abrazo al aire que cálidamente circula entre columpio y columpio. Las piernas del parque se estiran abriendo las puertas a la llegada de sus visitantes. Las malas hierbas, como los vellos del parque, se erizan con las pisadas de los niños que las agitan, las pisan y las arrancan.

Y los niños hacen del parque el lugar idílico, le pintan sonrisas en las vallas, le hacen cosquillas cuando resbalan por el tobogán, le muerden la lengua cuando tropiezan y le ensucian la ropa cuando levantan el albero al correr.

Pero el  parque no se queja ni cuando le empapa el zumo que se le acaba de caer a una niña, ni cuando le babea un bebé encima, ni cuando le arrancan una a una las flores que forman el manto con que se arropa al anochecer, ni cuando de vez en cuando algún pequeño travieso rompe alguna de las cuerdas de su telaraña.

Pero entre el día y la noche cuando el parque se queda vacío, le inunda la tristeza, el parque añora mientras bosteza y le duele el pensar que tal vez mañana sea día de trabajo y nadie pase a columpiarse, y nadie venga a divertirse.

Y  de repente entre estación y estación la primavera se esfuma y ocurre que el parque, la ciudad y prácticamente todo el mundo se queda en tinieblas, en escombros.

 

 

El parque últimamente llora en pequeños gritos silenciados, se encuentra solo y perdido, bueno, perdido no, porque sigue en el mismo lugar que siempre. Pero lo que sí que ha perdido ha sido a las personas.

El mundo está mudo, y entre bombas y disparos se mueren las risas. Con un nuevo amanecer un 28 de 1914 llegó también el inicio de la guerra y el parque se encuentra fustigado porque observa pero no puede reaccionar.

El cielo discierne, en una lucha entre el azul propio y el gris de las bombas, pero finalmente se tiñe de rojo, del color de la sangre que se está derramando. Y con el atardecer el rojo se difumina hasta un anaranjado fugaz, al que pronto roba el protagonismo el negro de la noche.

El miedo arropa las personas que temen por sus vidas y se esconden y el parque se queda más desnudo que nunca. Y más aún ahora que con el verano las flores se marchitan y parece morir, el parque desolado se tumba y deja que le lleguen las vibraciones de las bombas al caer, lejanas, como si no hicieran nada, como si no segaran vidas.

Y a lo lejos escucha varias voces diferentes llorar, y el sonido de cada lágrima que nace y muere en el suelo. Y el llanto de los que no se pueden dormir porque, como siempre, tienen miedo.

Pero el parque ya ha vivido mucho, y aprende a hacer de los lamentos una nana que poco a poco le introduce en el sueño.

 

 

El parque es muy frío en invierno. Sobre los matorrales, en la madrugada, el rocío helado convertido en perlas, en perfectas lágrimas. La guerra hace llorar incluso al cielo.

Sobre el suelo la escarcha que entrando la mañana parece derretirse y se funden tierra y agua, dejando embarrado al parque solitario.

Un año más de guerra que se aproxima con este invierno, y ya van tres. Y con él, la nieve se queda levitando en esa atmósfera como de cuento, lo que debiera ser y no lo que es.

En el parque se conserva el balancín, que ya con sus años le nacen rasguños milenarios y pintadas, fechas y nombres y momentos incrustados. Respira por sus betas y huele cada vez más a podredumbre, aunque esto no es de extrañar, la guerra todo lo pudre. Pero no importa, siempre será ese el perfume de la infancia, del añoro del ser niño, del balancín con sus fechas, sus nombres y pintadas, sus memorias olvidadas.

Y al parque le nacen lagañas, como las de los niños que a estas horas se levantan. Lagañas que son parte de una casa cercana que hace poco se derribó. Lagañas, o más bien, restos de escombros.

Y hoy se huele de nuevo la angustia, un día más de muchos, de algo que parece nunca acabar. Y ya está la gente hastiada, que se mueren las personas de pena aun preguntándose cuántas vidas más se van a cobrar.

En el recuerdo de los niños que solían venir se recrea el parque y por no sentirse solo hace que se muevan sus columpios, como un espíritu fantasmal que se recuesta sobre ellos. Pero ya el sonido es estridente, no puede crear vida el parque, no puede sacar del recuerdo lo que hace tiempo ya se acabó.

 

 

Los pájaros no cantan ya ni en mayo. Las flores ni florecen y si lo hacen se visten de sobras, que ya nadie las quiere, que ya nadie las corta. 

La vida se muere, porque entre el sueño y la pesadilla ya no hay diferencia. La pesadilla se ha vuelto mejor sueño que la realidad. El mar ya no puede tragar más cuerpos sin vida, ni más penas sufridas.

Y el parque se encuentra oxidado, la lluvia ha carcomido su piel y ahora le duele cada uno de los barrotes que forman su esqueleto de metal. Al parque le ha crecido la barba en forma de telaraña porque ya nadie se acerca a él. Solo le rodea el olvido.

Y el parque llora por la fuente que está rota y se derrama y el parque parece ahogarse entre sus propias lágrimas. El barro alrededor de la fuente se traga las balas, porque la guerra ha disparado al parque hasta en las entrañas.

Y una vez más el mundo se calla, como ocurre siempre antes de que algo malo suceda. Y entonces ocurre, el viento lo nota. Y una vez más se arroja. Aquí llega, entre las hojas. Esta vez sí suena cerca, el impacto… le roza.

 

 

Y entre gases de todo tipo llega septiembre, rodeado de una nube verdosa de la que es causante la guerra que no tiene suficiente con bombas y armas que ahora abusa en químicos. Y los gases, la mayoría letales, atusan a los restos del parque se meten entre el balancín partido y los barrotes deformes de los columpios y la telaraña que era tan alta ahora se encuentra esparcida en el suelo porque la guerra ha derribado el tubo que la sostenía.

Y es que parece que nunca es suficiente, que no importa el precio de las vidas que se han tirado a la basura ni el de las otras vidas que han quedado marcadas, ni se tiene respeto por las nuevas vidas que nacerán en un mundo derrotado e injusto.

El parque lleva tiempo ingresado, desplomado sobre una camilla de mullidos barrizales y le abrigan las hojas color caoba que se amontonan sobre él para privarle del frío.

El parque tiene fiebre por falta de risas y no hay antibiótico que lo cure. Sobre su vientre continúa el tronco escabroso de un árbol asfixiándole y las ramas punzantes se le clavan en la carne. El parque se está muriendo y las luchas siguen atormentándolo.

El paisaje a su alrededor es devastador, pero parece que a nadie le duele aunque todos lloran, será el efecto del gas lacrimógeno que anda por ahí a su antojo, porque si de verdad se pararan a ver que están haciendo con su mundo la guerra cesaría… pero el parque ya no puede seguir pensando más en todo lo que le rodea, la mente se le nubla y con un fuerte dolor en el centro, cercano a la fuente que sigue vaciándose en lágrimas, como si el árbol estuviera hundiéndose aún más en su estómago, el parque pierde la consciencia.

 

 

Entre las zarzas y la hiedra un grupo de exploradores llegan a él. Están jugando a descubrir todo aquello que todavía no han visto en su ciudad. Y han acabado en una zona olvidada, víctima de los destrozos de la guerra. Pero los niños no se horrorizan, ellos saben ver lo bueno de todo, hasta de las cosas malas. Sonríen, han encontrado su guarida perfecta.

Entre los restos de lo que un día fue un parque encuentran un lugar misterioso, que de una forma u otra les transmite encanto. Han oído hablar mucho de la guerra, de aquellos lejanos años… pero no les asustan y ellos juegan allí a revivir lo que un día todo el mundo quiso que fuera solo un sueño.

Y entre los disparos de manos unidas formando una pistolas y los ‘pium pium’ salidos de los labios de los pequeños militares, entre la ropa sucia de arrastrarse por el albero olvidado de aquel parque y la guerra esta vez nacida de la imaginación, se deja atrás en una especie de cuento la pesadilla de muchas personas.

 

 

‘Así el parque sintió como el frío se disipaba, como la luz volvía a inundarlos en los meses de marzo y abril, como los árboles florecían con la llegada de mayo, como el calor le dejaba cada vez más desierto y como la lluvia le iba oxidando y pudriendo…

Y el parque también sintió como el invierno hacía tiritar a sus columpios desnudos y como la guerra hacía llorar al mundo… que con el morir de la risa de los niños también moría él, y como con el final de cada tormenta volvía a nacer.’

Luisa Carmona Romero. 9/02/14

miércoles, 29 de enero de 2014

Las estrellas del amanecer

Hace apenas unos días acaba de ser publicada mi primera novela. Es un drama amoroso situado en la Polonia de 1937. El que la historia comience dos años antes de la invasión alemana, no es por casualidad, y en la novela aparece junto con el aspecto sentimental la cuestión política, ofreciéndose una mezcla de personajes con diversas visiones de la realidad, algunas de las cuales experimentarán una fuerte evolución durante la novela.
Su número de páginas es de 468(me ha quedado larguito, aunque en formato Word solo me ocupó cerca de 350) y su coste es de 20 euros en papel y 9 en pdf, aunque no tengo claro si el precio del libro en papel puede variar en función de la librería donde se compre. La editorial se llama Bohodon Ediciones.  De momento se han enviado ejemplares a distribuidores de Madrid, Huelva y Sevilla. Mi primo, que vive en esta última lo ha comprado en la librería Beta. Lo que no sé es si llegará al resto de provincias andaluzas, pero si queréis se lo pregunto a mi editora y si ella sabe algo os lo digo.
Os dejo aquí el enlace donde aparece la sinopsis y demás información:

http://www.bohodon.es/libro.php?id=398&tag=las-estrellas-del-amanecer

lunes, 27 de enero de 2014

miércoles, 8 de enero de 2014

Tricentenario de la Real Academia de la Lengua Española

Disculpad los molletes que os encontráis en Andalucía que ponga aquí información solo útil para los que estamos en Madrid, pero me es mucho más cómodo poner dicha información aquí que tener que explicarlo todo por whats app, además dado que esto se nos está quedando muerto no le vendrá mal algo de vidilla.
Se está realizando durante estos días en la Biblioteca Nacional una exposición en conmemoración del tricentenario de la Real Academia de la Lengua Española. En ella se mostrarán piezas de valor histórico, muchas relacionadas con el mundo literario. Mi profesor de Literatura y Medios de Comunicación dice que es una exposición interesantísima(aunque yo conociendo al hombre no me fiaría mucho). Interesante o no yo no tengo elección puesto que el muy simpático me ha mandado ir como trabajo obligatorio. Si algún mollete madrileño, o alguno que por casualidad deambule por estos lares, quiere ir a verla podríamos quedar y luego ir a tomar algo.

Os pongo aquí la dirección  web donde se habla de la exposición, por si queréis consultar algo:http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/exposiciones2013/300Rae.html

martes, 17 de diciembre de 2013

Nuevas tarifas en el mundo habla más, vive menos

En este mes, el 10 de Diciembre, fue el día de la Constitución Española y en casi todos los colegios e institutos se habla un poco de que es y  de los derechos humanos y todo nos parece normal, los países en los que se infringen esas leyes parecen muy lejanos, pero gracias  a las nuevas tarifas en el mundo "HABLA MÁS, VIVE MENOS"  podemos hablar sobre el derecho de la libertad de expresión con gente de todo el mundo casi gratuitamente, solo pagando con tu vida.
Os dejo el vídeo y la web de amnistía internacional que hace realidad estas tarifas.

Vídeo   web

Te digo vive
aunque cueste un precio
y no tengas dinero,
porque te lo ha robado
el que roba a los ladrones.

Te digo vive, 
y lucha,
y escribe,
aunque no quede tinta
y se acabe el papel.

Te digo vive,
porque es el canto,
la música,
lo que quieren silenciar
y lo que quieres que renazca.

Te digo vive,
te digo vive,
sueña y ríe
pero vive.

Te digo que esto
dejará de pagarse, 
dejará de pagarse
aunque cueste un precio,
aunque cueste un precio
y no tengas dinero
porque te lo ha robado
el que roba a los ladrones.



miércoles, 23 de octubre de 2013

Adelanto de mi novela.

     Hola libritos! Hace tiempo que no paso por aquí (No, no me olvidé de vosotros. Es que acabo de empezar el bachiller) pero vengo dando fuerte. Os traigo un pequeñísimo adelanto de la novela que estoy escribiendo en estos momentos, "Calibre 45". Un besazo desde Málaga!

            Santiago, de piel oscura, alto, fornido y fibroso, de pelo castaño y ojos marrones, vestido con su habitual traje de dos piezas negro, se preguntaba dónde había quedado su vida. Había trabajado todos los días en el bufete de abogados, y al llegar a casa por la noche le esperaba su pareja, la persona con la que deseaba pasar el resto de su vida. Era una mujer alta de cabello moreno y ojos marrones sin un gramo de grasa en aquél perfecto cuerpo. Algunos pensaban que trabajaba en exceso, que se implicaba demasiado con los casos que cada día llegaban a su mesa. Pero, ¿Qué podía hacer sino trabajar? No conocía otra vida. Pero así, él era feliz. El trabajo duro lo compensaba saliendo al cine con sus amigos, o yendo a comer. Esa era su vida, aburrida y monótona. Pero la prefería a la que llevaba ahora. Sentado en un sofá que no es el de su oficina, esperando para mendigar un puesto de trabajo. Había perdido la vida que construyó con sus manos. Su pareja, su casa y su empleo se esfumaron en apenas unos segundos. No tuvo tiempo de darse cuenta cuando ya se encontraba con una mano delante y otra detrás.

            Por otra parte está Nora: Alta, delgada, de piel clara, cabello oscuro y ojos grisáceos. De rostro rectangular, labios carnosos, ojos muy expresivos y nariz chata. Una mujer que vivía la vida al límite. Cada segundo, cada instante en su profesión podía ser el último. ¿Por qué? Porque se dedicaba al mundo de la droga. Pero no era una de estas camellas que se encuentran por la calle, que venden droga para ganarse la vida o para financiar su propia dosis. No, ella lo hacía por placer. No necesitaba el dinero, de eso ya tenía de sobra. Lo demostraba su gran mansión a las afueras de Málaga, en el campo. Ella nunca fue una niña rica, aunque eso cambió con su inesperada boda a los 18. Apenas en seis meses se convirtió en la esposa de James McCarthy, el hijo de un multimillonario muy delicado de salud.
No, Nora no es una traficante común. Maneja toda la droga ilegal que se mueve en el mercado Español en la actualidad. Y lo hace porque le gusta, porque su chute es la adrenalina que siente al burlar las leyes. Y para eso cuenta con su propio equipo. Pero de eso, ya os hablaré más adelante.

            Nora, una traficante de altos vuelos y Santiago, un abogado en paro, con vidas completamente paralelas, coincidirán, se conocerán, y vivirán experiencias que ellos mismos creían imposibles. Pero, para eso, tendrás que seguir leyendo, ¿No?